Seleccionar página

Ahora sabemos que el cuerpo contiene magnetita. La magnetita cristaliza en forma de tetrahedro, polariza su estado al oxidarse o al reducirse y genera diferencias de potencial que producen un campo magnético por donde fluye la corriente eléctrica. Ahora sostenemos que en el cuerpo humano existen campos magnéticos equilibrados y podemos entender porque existe una corriente de energía en nuestro cuerpo. Cuando hay una enfermedad la red magnética de energía se rompe y se produce una descompensación en esos campos magnéticos. Obviamente hay un cambio en el compuesto de electrolitos que genera una variación en el sentido del campo magnético, produciendo una polarización positiva o negativa del órgano u órganos donde ocurre la anomalía biológica y por lo tanto un cambio en el pH.

La enfermedad aparece cuando estas magnetitas se desorientan, por lo que ahora entendemos que al aplicar imanes en el organismo, podemos devolver la magnetita a su estado original y lograr que vuelva a existir el orden magnético, ferromagnetismo. Al someter el material magnético, como a cualquier otra partícula ferroso-férrica, a un campo magnético, los cristales -dominios- se alinean dando lugar a un monodominio.

Al eliminar el campo, el dominio permanece en su estado natural y por eso se equilibra la energía en el organismo. La red ferroso-férrica recupera su polaridad y las enfermedades desaparecen, además se eliminan los microorganismos que existen en el cuerpo al generar un campo magnético en un medio acuoso donde mueren. La energía fluye en nuestro organismo en forma de agua.

El agua que existe en nuestro interior no es agua simple sino cristal líquido formado por moléculas de alta energía que organizan el agua para que pueda conducir la energía electromagnética. Las moléculas están organizadas, transmiten longitudes de onda y además tienen la capacidad de almacenar datos en la memoria.